Del Maratón de Valencia.

Yo como Roberto Carlos,  soy de esos amantes a la antigua y aunque no suelo todavía mandar flores, sí que soy aquel amante apasionado, al menos en lo que al Maratón se refiere.

Y en esa pasión y en ese amor que uno siente por el Maratón o la Maratón, por la Carrera en resumidas cuentas, me llevó este año a Valencia. Pero en esto, como en todo en la vida, hay amores no correspondidos, amores que matan y cariños que duelen, que dirían los Pimpinela.

Claro que juré que te amaría hasta la muerte ¿Que te hizo pensar que hablaba de la mía? Y en lugar de disparar, me borré del Maratón.

Motivos los de Antonio José: me olvidé de los consejos susurrados de tu boca, de la razón de tu mirada me olvidé, de tu sonrisa que me salva de esta sombra. Y tal fue mi olvido, que hasta me acuerdo de que porque me borré y como tal te lo cuento.

Mi dorsal para Valencia
Mi dorsal para Valencia

Son ya dos las semanas, en las que un problema de condromalacia en una rodilla, me tenía sin poder correr. Situación en la que a pocos días de un maratón se vuelve casi casi, un desamor. Quieres correr y cojeas al andar, esperas que el tiempo lo cure y que lo haga con prisa. Pero terminas por ver, que ni el tiempo es oro, ni cura el dolor como decía el genial Joaquín y rematas con aquello de que hace tiempo que el mundo no gira a mí alrededor.

Esperas el milagro, te repites frases y mantras, penas un día y otro. Una leve mejora y vuelta a recaer. En esas andas, cuando llegas al jueves previo a la prueba y entonces ves que de una vez por todas, estalla la tormenta y el cielo ya está gris. Y en eso momento, te das cuenta de que no te gusta Sergio Dalma. Por lo que como no sabes dónde ir solo así, que hacer, y el amor que me coge despacio, despacio de la mano. Y rememorando a Battiato piensas de narices:

  • ¿Cómo narices vas a ir a correr un maratón medio cojo?
  • ¿Cómo narices te vas a arriesgar a estar tres meses parado?
  • ¿Cómo narices….?

Y entonces te decides, deseas lo mejor del mundo a tus compañeros de fatigas, porque en esto el desamor no es como lo definía Sabina, el ver si esa hija de puta que se fue con el imbécil se arrepiente toda la vida. En esto, has disfrutado con ellos, de su compañía, de sus consejos, de su ayuda, de sus risas y porque no decirlo de sus tontunas que son las tuyas, que son las de todos, porque eso es entrenar en grupo, en el que al final todos sufrimos y disfrutamos en conjunto.

Y por eso les deseas lo mejor y piensas que en cuatro días saldrá alguien con un «no hay cojones a…» y te embarcarás en ese nuevo reto.

Y en ese momento, la vida siguió,

como siguen las cosas que no

tienen mucho sentido,

una vez me contó,

un amigo común, que la vio

donde habita el olvido.

Que la fuerza te acompañe.