De la semana del 14 al 20 de diciembre de 2009. Primeros sufrimientos. (R)

Había decidido correr un Maratón. Para ello, debería empezar correr y para ello nada mejor que buscar a gente que hiciera lo mismo.

Me puse a rebuscar por internet y tecleé Maratón Guadalajara. Me salió un blog de un tal Joaquín, contando las anécdotas diversas de “la Media que me enganchó” y de los resultados de  anaranjados personajillos que por allí pululaban.

Pinchando en una foto del susodicho, le solicité información y me remitió a personarme en las pistas al día siguiente martes, a las 19:30. Así mismo recibí un correo de otro elemento subversivo, que se hacía llamar el Presidente de la cuestión, el que, muy amablemente me indica los pasos a dar para hacerme miembro de tan insigne club, en el venidero año de 2.010. El año en que haría mi primer Maratón.

Miré y remiré las rutas, los post del blogs, en fin todo lo que había en los cibernéticos dominios  del mencionado Joaquín. Y como no podía ser de otra forma, el martes, con la arrogancia que solo da la ignorancia del que no sabe donde se mete, me  calcé unas zapatillas tenis que tenía por casa (no eran unas “tórtola” azules, pero casi casi), unos pantaloncillos cortos, una camiseta de deporte y una chaqueta de chándal y en coche, me dirigí a las pistas.

Pregunté al de la entrada que donde andaban los del Club de Maratón, y él amablemente me lo indicó. Lo primero que me sorprendió es que no iban con la uniformidad prevista. Yo esperaba encontrarme con una réplica de la naranja mecánica y me encontré con el ejército de Pancho Villa. Cada uno iba como le daba la gana. Mejor así no desentonaría o al menos lo haría poco.

Me presenté como “uno nuevo que había mandado un mail” y por allí estaba Joaquín. Me indicó que con José Luis (Temprados), formaban el Comando Seur 10. Famoso según ellos, por llegar 10 minutos después que el último.

Cuando llegó el momento,  un grupo de unos 8 o 10, que trataré de enumerar, partió de las pistas, en dirección de la ruta del colesterol. En cabeza, iba Javi  Escamilla, El Payo y Emilio. Creo recordar que estaba por allí Diego (afamado seguidor rojiblanco) y Manu (alías jubileta) además de los mencionados Temprados y Joaquín y un par o tres más, que no recuerdo y a los que pido perdón.

Era 15 de diciembre de 2009, ellos iban hablando y yo resoplando. De mis tiempos de la bici, recordaba la importancia de mantener la imagen de serenidad y no aparentar cansancio alguno, con lo que resoplaba y sonreía (o al menos lo intentaba).

Después de la rotonda de la bicicleta, tiramos en paralelo a la ronda norte, hasta el Bulevar Clara Campoamor. Yo iba que no podía, resoplaba,  resoplaba y vuelta a resoplar. Ellos iban como si nada. Pero yo llevaba la máscara puesta. Aparentaba que iba sobrado (creo que no coló).

Comenzamos a subir el Bulevar y Emilio tiró a lo suyo, quedándonos, Javi Escamilla, el Payo y yo, Ellos seguían hablando, e incluso me dijeron que iba bien. Yo no les contestaba porque no podía y ellos debieron pensar: – Que tío más calladito (supongo que el tiempo les hizo cambiar de opinión a este respecto).

Aguanté como pude hasta arriba, solo quedábamos nosotros tres. Yo  nunca había corrido una distancia tan larga y por supuesto tan deprisa. En la bajada, como pude aguanté con lo último que tenía. Hasta llegar al barranco del Alamín.

Y allí como no podía ser de otra forma el motor se gripó. Estábamos bajo cero. Pero el calentón era tan gordo que tardé una semana en poder volver a correr.

Escamilla y el Payo, se apiadaron de mí. Llegaron al final del Barranco y se volvieron para ver a un ser que apenas sobrevivía, tratando de subir lo que para mí era un auténtico Mortirolo. Me esperaron, me animaron  y me volvieron a esperar.

Sé que les machaqué la última parte de su entrenamiento. Pero debieron pensar, este tío se muere aquí. Yo esperaba que los demás me pasaran como balas. Pero no fue así. Cuando llegué a las pistas, descubrí el porqué. Algunos había acortado el recorrido, por tanto, había llegado el último y gracias a que llegué.

Me preguntaron que  si no estiraba. Si no podía ni caminar, como iba a estirar. Medio me despedí y como pude me metí en el coche, volví a mi casa y me acosté sin fuerzas para cenar.

Que la fuerza os acompañe.

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Crónicas de un Padawan

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