De la bolsita amarilla.

El domingo pasado corrí una carrera, dentro de  la preparación del Maratón de Valencia. Maratón que será mi décimo como el de Navidad, puesto que si consideramos que maratón es femenino sería mi décima, como la de Lisboa.

Esperaba encontrarme con un par de amigos con los que había quedado este sábado. Al final solo puede ver a ella, puesto que él ha dejado esto de las carreras por un problema de autoestima. Con mucho esfuerzo había alcanzado un puesto bastante alto en una empresa, con un sueldo por encima de los 90.000 Euros. Pero la crisis afectó a su sector y dos Eres después, ha agotado el paro y anda esperando a que el FOGASA se haga cargo de su indemnización.

Dentro de los obsequios de la carrera, nos dieron una bolsa de esas de cuerdas, amarilla “tan remona”, que diría una amiga mía. Bolsa que guardé con otras tantas que tengo, hasta que quedamos este sábado pasado, con unos amigos para hacer una barbacoa. El tiempo no es que acompañara mucho, pero un poco de colesterol en vena después de entrenar, no creo que le haga mal a nadie y menos a un tío de Sacedón.

La carrera de las bolsitas amarillas
La carrera de las bolsitas amarillas

Quedamos ensu casa en Cabanillas, con lo que aproveché para hacer una tiradita corriendo hasta allí. Le di la bolsa a mi mujer con ropa para cambiarme y unas toallitas para “guarrearme” los sobacos y evitar dar mucho el cante.

Llegué en tiempo y forma, pasando directo al baño para hacer la operación limpieza. Salí de allí, igual de sudado que entré, pero oliendo a Aloe Vera y a desodorante Axe “pasimular”.

Nada más llegar apareció mi colega, con síntomas de haberse tomado ya las cervezas correspondientes a la barbacoa del día y a las de todo el verano pasado.

Como no podía ser de otra manera, la tensión subió por momentos, comenzando una discusión de pareja, de las que se ven en el Ikea cada 2 minutos.  Al final se callaron y Pepe marchó al baño.

  • Trae la bolsa que hay allí, que tengo unas cosas que me hacen falta- le dijo ella.

Al poco salió  vociferando, había cambiado “su agüita amarilla”, por la bolsa amarilla que estaba en el baño.

  • ¿Qué es lo que tienes aquí guardado? ¿la ropa de tu amante o qué? –dijo según tiraba mis cosas por el suelo hacia su mujer.
  • Mira que eres burro Pepe, esa bolsa es la de Pedro, que tiene una igual que la mía del domingo pasado. Dijo mostrándole su propia bolsa.

Al día siguiente, tuve la suerte de encontrarme con mi amigo. Como no podía ser de otra manera tenía preparada una pequeña venganza.

  • Hola tronco, una cosa he llamado a tu mujer esta mañana y no contesta. Vamos que me cuelga.
  • Ehh, ¿qué dices Pedro? ¿Qué te cuelga?
  • Si, hasta el suelo.

Me marché, no sin antes echar una carcajada y desearte  que la fuerza te acompañe.