De empezó la larga noche o el Triatlón de Guadalajara.

Y llegó el día señalado en rojo en el calendario, el 1 de junio de 2.019. Día en el que este humilde servidor, Pedro el Padawan, de la casa Triguada, el primero de su nombre, aprendiz de triatleta y niño del largo flequillo, se tendría que enfrentar   al Triatlón de Guadalajara.

El despertar fue como el de cada día, a las 5:05 de la mañana, para desayunar,  leer un poco y vuelta a la cama para hacer la siesta del burro. Poco después de las nueve, bajo a la T2 a dejar las zapatillas de correr, la gorra, el dorsal y unos geles.

Una aclaración para los no iniciados en esto del Triatlón, hay dos transiciones,  la T1 cuando sales del agua y coges la bici y la T2 cuando dejas la bici y echas a correr. Hay veces que  ambas transiciones son en el mismo sitio  (Triatlón de Pareja por ejemplo), pero en el Triatlón de Guadalajara la T1 está en los márgenes del Azud de Pareja y la T2 en el Parque del antiguo Ferial.

Una vez dejo todo preparado, me vuelvo a casa para tumbarme  a la verdolaga  a leer hasta las once. A esa hora una ensaladita de pasta y un plátano, aportará el combustible necesario para la larga batalla.

Llegamos a Pareja y accedemos a la T2, para dejar el casco, las zapatillas de la bici, guantes, calcetines y geles a pegar en la barra de la bici para su posterior ingesta. Todo ello sin olvidar el bote de agua congelada. Según está el día los 750 cl estarán como la sopa, puesto que el tiempo en Invernalia no es el que era en la época de los Stark.

Llega el momento de ir a soltar lastre y justo delante de los baños químicos, me encuentro con uno de los ilustres de este triatlón. No es Jon Nieve sino Álvaro Arbeloa, con gafas de sol intentando guardar cierta intimidad y un paquete de pañuelos de papel dispuestos a darles uso.

  • Hola Álvaro casi no se te conoce – le llamo por su nombre de pila por si no quiere ser reconocido.
  • Es que antes de arrancar una prueba,  me  gusta estar  tranquilo.

    La previa del triatlón
    La previa del triatlón
  • Nada, nada- le digo haciéndole ver que me parece correcto y con la intención de dejarle tranquilo.
  • Veo que eres de aquí –dice según señal mi traje del TriGuada- ¿Cómo son las subidas?

Le hago un pequeño repaso del recorrido, de manera inútil por lo que luego vería. Terminada “la faena”, busco un poco de sombra para ponerme el neopreno. El agua está a 23,6 grados por lo que todo el mundo lo puede usar menos los triatletas élite. El límite está fijado en 24 grados, aunque los triatletas de edad avanzada como yo, podemos usarlo siempre. Por tanto yo pienso aquello que decía Missandei:

-Sin la Reina de Dragones no habría problema alguno, pero ya estaríamos todos muertos.

Vamos que me lo pongo siempre. Para ello me embadurno “mismamente yo” y también al neopreno (solo en su interior) con agua jabonosa, dándome un poquitín de aceite Johnson para niños, en las muñecas y un poco por encima de los tobillos (hay que tener cuidado con el aceite y el sol en la bici).

Y a las 14:08, nos echamos al agua, suena la bocina y comienza a sonar la banda sonora de Ramin Djawadi.

Dada la extensión siento alargar esto una semana más, pero no hay más remedio, como diría Sansa:

  • Vuestro ingenio no será decisivo. Por esto estamos aquí, ninguno podemos hacer nada. Es la verdad. Lo más heroico que podemos hacer ahora: esperar al Nueva Alcarria del próximo lunes.

Que la fuerza te acompañe.