Españoles: el TRASVASE HA MUERTO.

“Españoles: el trasvase ha muerto.”

Con estas palabras, entrecortadas por la emoción, el presidente del Gobierno Don  Pedro Sánchez Pérez-Castejón, se ha dirigido a los países españoles (Reino de  España y República Independiente de Sacedón) y a todo el mundo, a través de Guadalajara Media con Rosa San Millán al frente, que emitía para todas las televisiones estatales, mundiales, autonómicas, privadas y municipales.

Eran las diez en punto de la mañana del día 2 de julio de 2.018, un momento que sin duda pasará a la historia.

Es más estoy seguro que todos recordaremos lo que estábamos haciendo cuando el señor Sánchez, visiblemente conturbado, leyó un mensaje del mismísimo trasvase. En el cual, dicha obra pedía perdón a todos los españoles y se declaraba hija de la incompetencia de las clases dirigentes y de la avaricia de los hombres y el desprecio de los mismos por el medio ambiente.

ESPAÑOLES EL TRASVASE HA MUERTO
ESPAÑOLES EL TRASVASE HA MUERTO

El mencionado trasvase, exhortaba al país a mostrar firmemente su apoyo a que no fuera reconstruido y que no se planteara una obra similar ni una solo vez y a que en su honor se celebrara en la capital del Mar de Castilla la Fiesta del Agua:

Españoles, el trasvase ha muerto, esta ingente obra de ingeniería que fue malpensanda y malparida en un momento de la historia de nuestro país y luego malejecutada en otro momento, ha entregado su vida, quemada día a día, hora a hora, en el cumplimiento de una misión absurda y estúpida: lucrar la avaricia y la insensatez humana.

Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares, entrecortada y confundida por el murmullo y la algarabía de vuestras celebraciones. Es natural. Es el reflejo de la liberación tanto de España como del mismísimo Sacedón, que siente como nunca el final de la angustia infinita de la orfandad de justicia que le atenazaba.

Es la hora de la celebración, de la alegría, del final del abatimiento y de la esperanza. Es cierto que el trasvase, el que durante tantos años fue la causa de la ruina de un pueblo, de una comarca y de una república entera, ya no está entre nosotros. Pero nos deja su obra, nos queda su ejemplo, nos lega un mandato histórico de inexcusable cumplimiento. Porque fui testigo de su última jornada de trabajo, cuando ya la muerte hacía presa de su corazón, puede aseguraros que para Sacedón y para su comarca, fue su último pensamiento, cuando ese día seguía esquilmando su riqueza. Se despide pues el trasvase, de esta España y de este Sacedón, a la que tanto mal hizo y a la que tan dañinamente sirvió”.