Del sereno de mi pueblo.

Hace ya un tiempo que vi un artículo sobre las profesiones a extinguir. Estos artículos intentan hacerle la competencia a Rappel, tratando de adivinar los trabajos en los que sus usuarios van a pasarlas canutas.

Creo que todos estaremos de acuerdo que los empleados de imprentas y artes gráficas, operadores de torno, patronistas y repartidores diversos, van a tener problemas para llevar los garbanzos a casa. Haré aquí un inciso, para quien me leyera la semana pasada (Ver http://bit.ly/1lrp8bw ) y diré que lo de los garbanzos, está escrito en el sentido “fraguista” del término.

Por continuar, hay otros trabajos tan entrañables como el de cartero, que tienen los días contados. Aunque quizá salga alguna moda “vintage” y nos haga cambiar el mail por el sobre y papel, con sello de “chupitingui” que amargaba una barbaridad.sereno

Tampoco creo que les vaya mucho mejor a los lectores de contadores, hemos de suponer que en unos pocos años, se acabarán de automatizar. También me temo, que pese a que cada vez viajamos más, los agentes de viajes, no tendrán un futuro muy halagüeño y es que “el internet” es lo que tiene.

Red de redes, que vemos que está comenzando a hacer estragos entre los taxistas, aunque lo visto hasta ahora es solo la punta del iceberg.

Así mismo, pienso que los contables y los cajeros de supermercado, deben ir pensando en cambiar de trabajo a no muy largo a plazo. Y es que los tiempos y la tecnología avanzan que es una barbaridad y nos traen cambios por doquier.

Cambios que me traen a la memoria, al sereno de mi pueblo. Cuando su oficio pasó a mejor fue reubicado y por tanto promocionado como Policía Local. El primero y único en la historia de la villa.

Con lo que se le dotó de uniforme a medida, gorra de plato y libreta para multas. Al principio la tranquilidad del pueblo, le impidió estrenar su libreta: un par de mulas por aquí, el coche de línea por allá, unos cuantos carros, el “hayga” del alcalde y poco más.

Pero mira por donde, de golpe y porrazo la cosa cambió y comenzaron a proliferan los “seiscientos”, “doscaballos” e incluso algún “milquinientos”. En cualquier caso, inicialmente, por orden expresa del Su Señoría el Alcalde, se hizo la vista gorda. Había que promocionar la zona, dejando la libreta impoluta.

Hasta que diversos desmanes, acaecidos en un entierro (que referiré próximamente), obligaron a cambiar tal situación. El problema vino, cuando en su primera multa, se personó el antiguo sereno, “con sombrero, gravedad y su aburrido gesto” en la consulta del veterinario (a la postre también alcalde del municipio). Y allí mismo, con la respiración entrecortada por la carrera, a viva voz espetó:

– ¡”SEÑALCALDE”¡ he puesto la primera multa, pero he tenido un fallo “mugordo” “mugordo”, tan solo he anotado en la libreta, el número de la matrícula de atrás.

Que la fuerza os acompañe.