Del Hackeo Ruso

Tengo suerte de no fumar,  el martes no hubiera sido un buen día para dejarlo: conciliación, fin de domiciliaciones de las retenciones y YouTube en directo, vamos que no me había privado de nada. Como por la a tarde quedó algún remate bajé al despacho a borde de mi Halcón Milenario.

El Halcón va que no veas, por si no lo habías leído es un Xiaomí M365, al que le he metido un hackeo ruso, con el que fácilmente alcanza los 45 kilómetros por hora e incluso llega a alcanzar los casi 60.

Un poquito más allá de las seis de la tarde todavía hay algo de luz, ya sabes que para los Reyes lo notan los bueyes y para San Sebastián el gañán. Me subo al Halcón, activo el app ruso y bajo el Amparo por la calzada. A la altura de la Calle Padre Félix Flores, decido torcer a la derecha y noto un tirón en el patinete, como un acelerón.

  • Leñe, está claro que la fuerza me acompaña y ha tenido una gran convulsión- me digo para mí mismo.

En ese momento no sabía hasta qué punto me iba a ser necesaria. Me dirijo hacia la carrera y justo delante del Restaurante La Pasta, mi patinete dice que no, que bajamos por la Calle Marqués.

Cuando digo que dice que no, es que literalmente no he podido rectificar la dirección por más que lo he intentado. Yo quería seguir recto, pero el Halcón  ni corto ni perezoso ha girado hacia la derecha, para hacerme subir Arrabal de Agua para arriba, con un nuevo acelerón.

Todo el freno y la maneta que no baja, vuelvo a tocarla y el Halcón acelera aún más. Vamos subiendo cuesta arriba a una velocidad cercana a los 45 o 50 kilómetros por hora y adelantamos a dos coches antes de llegar al cruce del Paseo San Roque.

  • Pero tío ¿estás loco? – me vocea uno de los coches al ver como tiro calle del Ferial.
  • No sé qué ocurre, pero no lo dirijo yo – cuando le contesto esto me mira perplejo, al fin y al cabo en el patinete no va nadie más.
EL Hackeo
EL Hackeo

Cuando llegamos al cruce con la Avenida Castilla, no es necesario que te relate a que altura han subido mis testículos. Pero por si no era suficiente, mi patinete me hace saltarme el semáforo y subimos a toda pastilla cruzando indemnes la Calle Toledo. El bicho tiene vida propia, nuevo intento de frenar y en esta ocasión, justo delante del Catapán el patinete hace un giro de 180 grados entre dos coches, sin que pueda hacer nada por evitarlo. En ese momento, oigo a Siri hablándome desde mi móvil.

  • Pedro, no intentes resistirte, tenemos el control sobre el patín y sobre tu móvil. Estamos intentando acceder a la banca electrónica por medio de tu iPhone, dinos la clave o seguirás dando vueltas.
  • Pero ¿cómo?- no acierto a comprender que ha podido pasar.
  • Te has bajado una aplicación para piratear el patinete. Esa aplicación es un cebo, tenemos el control del patinete, podemos llevarte donde queramos, estamparte contra un coche o parar de inmediato. Si te bajas a esta velocidad te vas a partir la crisma y lo sabes, tú eliges.
  • Es una broma ¿dónde está la cámara?
  • Ni cámara ni hostias.

 

Siento usar esta expresión que hay veces que tengo al obispo en la columna de al lado en Nueva Alcarria, pero no podía faltar a la verdad y Siri dijo hostias de manera literal y sin arrastrar la h como hacía Pepe Bono.

Te dejo con la intriga hasta la semana que viene, aunque con la que se formó ese día en Guadalajara ya sabrás por donde va el asunto. Mientras tanto igual que a mi acompañaba un hacker ruso espero que a ti la fuerza te acompañe.

 

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Crónicas de un Padawan

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