Del ébola.

Uno de los propósitos que tenía para el verano, era el escribir de una manera más relajada y tocando temas banales. Pequeñas tonterías, que de vez en cuando se convierten en las más grandes, puesto que llenan nuestras vidas de un plus añadido. Un más allá, que nos ayuda a crecernos ante las adversidades que se abren paso en nuestro camino.

Pero ha saltado una cuestión a la palestra, que me ha impedido continuar con mi letargo estival: el ébola. La epidemia en general y en particular el caso “Pajares” (D.E.P.).

Se de sobra que lo que voy a decir “no es más bello que el silencio”. Pero no quiero quedarme “el último de la fila” a la hora de señalar la nefasta gestión llevada a cabo en esta crisis.

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El ébola una epidemia preocupante.

Quiero comenzar indicando que me parece digna de toda admiración, la labor que hacen todos los voluntarios que acuden a países que de verdad necesitan nuestra ayuda. Labor sin la que, el sufrimiento de esas gentes, sería muy superior al que es. Sufrimiento, no nos engañemos, en que se sustenta nuestro bienestar. Todos realmente sabemos y el que no lo sepa se engaña, que para que nosotros vivamos así, ellos han de vivir asá.

Dicho lo cual, lo que no me parece de recibo es que, una vez allí y cuando vienen mal dadas, cojamos los trastos y para casa. Que conste que creo que es un comportamiento humano y que seguramente yo hubiera hecho lo mismo. Pero ese “la paz os dejo, la paz os doy, aquí os quedáis que yo me voy”, creo que no hace ningún bien a nadie.

Por un lado, quién sigue allí al pie del cañón, luchando codo con codo, no ya con el ébola, sino con el sida o con la propia hambre (si hubiera riesgo de contagio para el primer mundo, sin duda ya no existiría), seguirá siendo visto como un ente extraño. Todo el mundo pensará que si la cosa se complica, será el primero en abandonar el barco.

Por otro nuestras instituciones. Sin entrar a valorar el riesgo sanitario, no creo que con los recortes que hay en sanidad, nos podamos permitir el hacer un transporte de la manera que se ha hecho y de cerrar una planta entera de un hospital por una situación así.

Si había partida presupuestaria al respecto (para contingencias especiales, emergencias o como quiere que fuere), creo que se debería haber destinado a ayudar allí en el foco de la epidemia. Y pese a que no tengo conocimiento alguno de medicina, he de suponer que el dineral que hemos gastado en esta cuestión, usado en África, podía haber salvado cientos de vidas. Con lo que la pregunta es fácil y la respuesta aterradora ¿Qué vale más la vida de un europeo o la de cientos de africanos?

Que la fuerza os acompañe.