Del atentado alcarreño en Londres

Este verano tuve la suerte de poder acudir a Londres, ciudad que no visitaba desde hacía tres años.

Y aprovechando que el Támesis pasa por allí, vi una interesante conferencia en la London Business School (6 fine summer reads) en la que como su propio nombre indica, recomendaban seis libros para leer en verano.

Viendo que la hora de la conferencia me cuadraba, tiré de paciencia y algún contacto para conseguir una invitación y no tener que soltar las “80 pounds” que costaba el asunto.

Considero que estos eventos son sumamente interesantes y siempre se aprenden cosas para poder ayudar mis clientes, sobre cómo se trabaja o se actúa en otros países.

He de decir que la charla resultó entretenida, con un ponente haciéndonos una breve presentación de cada libro. Fuimos de Stephen King hasta Silicon Valley, pasando por el Congo y terminando en Adam Smith, como no podrías ser de otra forma.

Pedro Toledo en la entrada de London Business School
Pedro Toledo en la entrada de London Business School

Cuando terminó, nos invitaron a un sherry con unos canapés explosivos e incomestibles. Para lo cual, nos hicieron pasar a otro salón (no éramos más allá de 25 personas) y nos obligaron a depositar nuestros teléfonos móviles que recogeríamos a la salida.

Cuando pregunté el motivo, me informaron de que nos estaba acompañando Carrie Symond (amiga personal de uno de los ponentes) y no querían fotografías o grabaciones.

Allí estaba este humilde abogado sacedonita, en Londres, con un grupo reducido de gente y la novia del Premier británico Boris Johnson. Como te podrás suponer, aunque no pudiera hacerme una fotografía con ella, no iba a pasar la ocasión de cambiar impresiones. Así cuando la vi rodeada de apenas 5 personas, me lancé al ataque.

La verdad es que no hablamos mucho, porque cuando me estaba contando que su madre era abogada también, ocurrió el atentado. No, no fue ningún atentado yihadista ni nada parecido. Fue un atentado violento, producido por mi aparato intestinal, que seguramente por mor de los explosivos canapés, me jugó una mala pasada.

Así en un momento de la conversación y sin que pudiera evitarlo, se me escapó una sonora ventosidad, que sonó como si hubiera sido la mismísima bomba de Hiroshima. Bombazo que fue seguido por dos segundos de silencio, que conseguí romper parafraseando a Cela con aquel:

  • Don’t worry Miss we’ll say it was me.

Que la fuerza te acompañe.