De los problemas del Halcón

Un viernes cualquier a las 15:17 de la tarde, el tiempo es soleado como todo este mes de junio que hemos tenido en marzo. Voy a bordo del Halcón Milenario -ya sabes mi Xiaomi Scooter- por la calle peatonal. Calle peatonal, que dada la hora en cuestión aparece medio vacía. Ya sabes que en muchas horas del día, el centro de Guadalajara tienes menos gente que el de Groenlandía, eso sí, Solares más que donde embotella dicha agua.

En cualquier caso y para evitar contratiempos, voy  sumamente despacio y guardando una distancia de seguridad con todo el mundo. Me cruzo con dos señoras que andan rozando los 70, me miran y una con un tono de total y absoluto desprecio hacia mi persona, le dice a la otra:

  • Mírale, es el abogado ese que escribe en el Nueva Alcarria, que ya no sabe cómo dar la nota.

Por supuesto no contesto por respeto hacia las damas y  me encamino a dar un  recital de mus. Echamos a reyes y sale una partida  Joyeros-Resto del mundo, en el que los dos grandes maestros  Aurelio y Antonio han ido al “rinchy” ante un servidor y Miguelito (en tiempos afamado churrero y hoy en día el mejor piloto de drones que conozco).

Después de las chanzas de rigor –lo bueno de jugar al mus es reírte con y de los compañeros y/o rivales y/o amigos. Cojo el Halcón, cruzo el paso de cebra, no viene nadie por la derecha y por tanto, me incorporo de bajad

EL HALCÓN
EL HALCÓN

a a la calle Cardenal González de Mendoza.

Dicho sea de paso, calle en honor de mi ilustre tocayo del siglo XV, que en la época de los Reyes Católicos, se llegó a decir que era el tercer Rey de España.  Vamos que el mencionado Cardenal era a Isabel y Fernando, lo mismo que la Academia de la Lengua al Español/Castellano o yo al mus y a las artes amatorias. O al menos así me lo parece.

Como decía, igual que un Rey bajaba yo a bordo de mi VMP  -hago un inciso aquí para decir que ahora los patinetes eléctricos, ya no se llaman patinetes eléctricos sino VMP (vehículos de movilidad personal)- cuando justo delante del PK2 dos agentes de la Policía Local me paran.

  • Deténgase ahí.
  • Usted dirá agente -dije según ponía pie a tierra.
  • ¿Qué hace con ese trasto?
  • ¿Se refiera al patinete?
  • ¿Me está usted vacilando?

En ese momento, recibí un mensaje de WhatsApp. En el que se me decía que debía de dejar el final de este episodio para la semana que viene, que en caso contrario, ocuparía casi una hoja de Nueva Alcarria y no habría sitio a mi lado para Don Atilano.

Habiendo por tanto topado con la Iglesia, dejo el remate para el próximo lunes, que ya será santo al fin y al cabo.

Que la fuerza te acompañe.

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Crónicas de un Padawan

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