De levantarse a las 3 y 3

Le recuerdo como si fuera hoy mismo, con su gorrilla de pana –no diría que calada, porque no le recuerdo guantes de seda- con su farias en boca, con su carajillo, con sus órdagos intempestivos después de sus ataques de tos. Con su afición al tinto que hacía que volcara de vez en cuando. Y son sus días siguientes a esos vuelcos, cuando te miraba fijamente, tosía y te decía aquello de:

  • Ayer me pudo la peste a vino.

Ese era el Tío Pochancas, el auténtico y genuino, el predecesor de tantos y tantos “Tíos Pochandas” que hay por ahí. Es posible que pienses qué a día de hoy ya no hay “Tíos Pochancas”, te equivocas. Igual no son como los “Tíos Pochancas” de los de antes, pero como si lo “seriesen”.

Los de ahora igual llevan un sombrerito de lana, en lugar de gorrilla de pana. Igual fuman tabaco de liar en lugar de farias. Y lo normal es que la peste sea  a Mahou, en lugar de ser a vino.  Pero haberlos haylos, puesto que son atemporales.

Son personas que se suelen morir a los 25 años aunque los entierre a los 80. Sin embargo el Tío Pochancas, tenía cierto encanto pese  a su aire de  zombie. Encanto que sin duda le daban alguna de sus manías. Entre las que me gustaría contarte una, que por sabida y conocida, no dejaba de ser cierta y que puede, que si eres de Guadalajara incluso la hayas oído, puesto que él no paraba de repetirlo, con su acento característico.

  • Ya “zabes”, que casi “toas” las noches me acuesto con la peste a vino y que eso da mucha “rezequera”. “Azinque” tengo puesto el despertador a las tres y tres minutos. Por aquello de que Alfredo Landa nació el 3 del 3 del 33 y yo soy como él, solo he respetado en mi vida a Dios, a Franco y a Don Santiago Bernabéu.

“Aonde” iba, cuando “zuena” el “reló” a “eza” hora, me levanto medio “añurgao”, no puedo ni tragar saliva, porque no la tengo. Me bajo a la cocina medio meándome encima, pero aguantándome las ganas. Sobre la mesa tengo un plato de “porvorones” y con mucho “cuidao”, espachurro uno y me lo meto en la boca. Me voy al baño a aliviarme y cuando “vuervo”, “er porvorón” “zigue” enterito en mi boca. Intento tragarlo y entonces hace cuerpo en la garganta.

En ese momento, el Tío Pochancas, escenifica su atragantamiento entre las risas de los presentes.

DE LEVANTARSE A LAS 3 Y 3
DE LEVANTARSE A LAS 3 Y 3
  • Llega “er momento” en que no puedo ni respirar, entonces abro la nevera y cojo la botella de agua y la vuelco en un vaso. Cuento “hazta er” número 33, por lo de Alfredo Landa, ya “zabes”. En ese momento unos lagrimones están a punto de salirme, apuro y justo cuando no puedo más y creo que me estoy amoratando, me bebo “eze” vasito de agua que es divina.

Su relato continuaba con una comparación de ese momento, con el que tenía cuando el primer viernes después de cobrar la paga, acudía a un bar de alterne a obtener otro tipo de placer, sin duda menos gratificante que el antes mencionado.

He de reconocer, que alguna vez he tenido la ocasión de poner el reloj a las 3 y 3 de la mañana, para proceder. Sin embargo siempre me he dicho lo mismo:

-¿Qué necesidad hay?

Y es que estarás conmigo, que uno se puede poner el reloj para despertarse  a las 3 y 3 de la mañana, solo para dos cosas: para ver un partido de fútbol o porque te diga la de al lado que o toca a esa hora o no toca. Y también estarás conmigo, que según está el Madrid, como que para ver un partido no. Y según está de difícil lo otro, como que tampoco.

Que la fuerza te acompañe.