De las llanuras de Marchamalo.

Cuentan que corría el año del 3018 de la Tercera Edad del Sol, cuando Lotho y su madre Lobelia, se mudaron a Bolsón Cerrado. Y poco a poco, gracias al contrabando de tabaco, se dedicaron a industrializar la Comarca. Se valieron de hombres con sangre de orco, pero esa ayuda se volvió en su contra, así Saruman terminó por mandar matar a Lotho y tomar el mismo el control de la Comarca. Se conoce que el otrora conocido como El Blanco, vio que en eso de la industrialización había mucho dinero de por medio y se dijo que para que iba a andar con intermediarios.

Todo sabemos que  Grima pasaportó al mago y una rebelión organizada por Merrym, Pippin, Sam y Frodo, consiguió recuperar el control de la Comarca  allá por la primavera del año 3021 de la Tercera Edad del Sol.

Con el tiempo los hobbits partieron hacia Valinor surcando el Henares y dejaando aquellas tierras  en manos de los hombres. Estos, como si fueran los mismísimos Lotho y Lobelia, se dedicaron a su industrialización. Así un polígono por aquí y otro por allá, aquella cuaderna se convirtió en una referencia industrial dentro de la Tierra Media, que por aquel entonces ya se denominaba España.

Aquello que, en principio era bueno por la riqueza y el bienestar que creó, fue degenerando puesto que el espíritu del maligno había anidado el corazón humano. Hay quien dice que  aquellos corazones bombeaban sangre de orco o  que las semillas de la maldad quedaron agarradas en la tierra en el tiempo en el que Saruman (por entonces autodenominado el multicolor), estuvo por aquí.

Sin embargo, también es cierto que en todos los corazones hay vestigios de bondad. Bondad heredada de aquellos Medianos (los hobbits) que habitaron estas tierras durante tanto tiempo.

Es por tanto, nuestro deber y nuestra obligación, que diría un político ya sea de Gondor o de Rohan, el buscar dentro de nosotros para encontrar esos vestigios de  reminiscencia hobbit y con ello encontrar esa bondad.

Marchamalo, foto nueva alcarria
Marchamalo, foto nueva alcarria

Aunque haya veces en que sea una tarea difícil, lo reconozco. Un ejemplo sin duda ilustrativo se da el día en que sales a entrenar con un compañero en bici. Vas surcando esas “carrepatateras” por  las llanuras de Marchamalo, llega un personaje (con sangre y apariencia de orco) y se planta con su Porsche Cayenne en paralelo a nosotros pisando la línea continua.

El tipejo baja la ventanilla y comienza a soltar improperios zafios y que sin duda solo se habían oído con anterioridad en las lejanas y oscuras tierras de Mordor. Improperios entre los que escuchamos el “poco os pasa, si lo vais buscando al ir en paralelo” y así durante un par de minutos que parecieron horas, por lo peligroso de su maniobra.

Este humilde elfo-padawanesco, rebuscó en su corazón por si había algún resquicio hobbit. No sé si no  le tiré el bote del agua por esa reminiscencia o porque andaba a viva voz, recordando sus ancestros y en que trabaja su madre.

Lástima que ese mismo día, el Presidente de Portugal tenía ocupada a toda la Guardia Civil de la provincia, para que no  hubieran cogido al mencionado y le hubieran metido un puro, que le hubiera hecho caer en un abismo similar al de la mismísima Moria.

Y es que ya lo decía mi abuelo, todo lo cría la naturaleza menos la lana que la crían los borregos y la mala baba que es cosa de orcos, trolls y faltos conduciendo.

Que la fuerza te acompañe.