De la separación

Sé que voy a estar mucho mejor sin ti, me digo a mi mismo según me miro al espejo con las lágrimas a punto de brotar.

Han sido muchos años de disfrute, de felicidad y también, porque no decirlo de sufrimiento. Han sido muchos años en los que hemos pasado juntos el día a día, los fines de semana e incluso las vacaciones.

Pensar en que ya no te veré, en que ya no estaremos juntos,  me crea  un vacío en el estómago y un nudo en la garganta.

Sé que tú también vas a estar mucho mejor sin mi compañía. Sabes que ya no te quiero, al menos, no como te quería.

Por una parte, siento haber incumplido aquella promesa que te hice:

“Y avíseme si volviera,

no es por capricho,

le juré amor eterno y no quisiera

quedar en entredicho.”

Te sientes traicionada:

“Esconda las uñas, querida,

no soy el enemigo,

no es ésa mi intención.”

Es normal que te sientas así, lo entiendo, te estoy cambiando por una más joven. Ley de vida dirán unos, egoísmo dirán otros. Quizá sean  simplemente delirios de juventud en un cincuentón. Quién sabe.

Separación
Separación

Sea lo que sea, ya no te volveré a coger, ni te volveré a mimar, ni a acariciar, ni a montarte como lo hacía.  Espero que cuando lo haga con tu sustituta, pueda disfrutar al menos lo mismo que contigo durante estos años. Hasta siempre mi amor.

En ese momento, sonó el timbre y cogí mi vieja bici de carretera y se la entregué a su nuevo dueño. Me la había comprado por Wallapop.

Pasé al garaje, salí con la sustituta a la calle y según me ponía el casco le dije:

“¿Le importaría que eche un vistazo

por sus intimidades,

que me dé un chapuzón entre sus brazos

prescindiendo de las formalidades?”

Que la fuerza te acompañe.