De la marcha ciclista nudista de Guadalajara

Terminó el verano y como decía el poeta “…mi historia, algunos casos que recordar no quiero…_”, pero como uno ha de comer de algo, aunque sea a base de juntar letras, recordaré dichos casos y los rememoraré, hasta donde la dignidad de este humilde abogado sacedonita lo permita.

Comenzaré por recordar uno de tales casos. Quizá el más sonado,  al menos en lo que a mi persona respecta. Iba a ya a finalizar el mes de agosto cuando, por medio de Nueva Alcarria y a través del Facebook, llegó a  mí una curiosa convocatoria. Y como “…soy en el buen sentido de la palabra…” más que bueno iluso, creímela a pies juntillas, por aquello de que si lo dice Nueva Alcarria ha de ser verdad.

En la misma se convocaba a una Marcha Ciclista Nudista por las calles de Guadalajara, para el viernes 24 de agosto a las 20:00. Tengo bicicleta y puedo no tener ropa ¿por qué no voy a ir? Venzo mi pereza inicial y comienzo mis preparativos.

Sí, preparativos he dicho. Cómo es de comprender, no es de recibo salir desde mi casa, recorriendo media Guadalajara con “los pelendengendenes” al aire. Dado que la marcha sale del Ayuntamiento, me pongo un pantalón de deporte y una camiseta y me encamino hasta allí.

Antes he estado pensando, que si llego justo hasta la cuesta del reloj (Calle del Doctor Mayoral), puedo dejarle la ropa a mi amigo Antonio (además de amigo, gran jugador de mus, puesto que al fin y al cabo todo lo que sabe se lo he enseñado yo). El mencionado, tiene allí su relojería, por lo que  tan solo he de subir solo la cuestecita, hasta delante del Ayuntamiento.  Supongo que ya en la Plaza Mayor todo el mundo andará como su madre le trajo al mundo. Así que como si fuera el mal de muchos, me suponía que la vergüenza sería el consuelo de los tontos.

Contacto con el señor Hernández, Don Antonio, al que sorprendo con mi iniciativa, pero como es hombre cabal y buen amigo, no me pone pega alguna al hecho de guardarme la ropa. Por tanto, allí me persono y  a las 19:59, salgo para arriba, armado de bicicleta y nada más (con esto quiero decir que por suerte, “estaba desarmardo en ese momento” y creo que ya me has entendido).

DE LA MARCHA NUDISTA CICLISTA
DE LA MARCHA NUDISTA CICLISTA

Me parece raro el no escuchar casi jaleo, pero bueno igual el nudismo acalla a las fieras y a los  practicantes, quien sabe. Para quitarme el gusanillo (me refiero a la vergüenza, no a otra cosa, que también…), comienzo a pensar en que personajes del mundo local andarían “desropados”.

Por lo que llegado el delicado momento, esperaba encontrarme por allí, tal cual su madre los trabajo al mundo a más de un miembro de la corporación municipal, ya fuera al mismísimo Jaime Carnicero o a José A. Morales o quién sabe si cantando una jota más a capela que nunca al mismísimo Eduardo. Dicho sea con el máximo respeto a todos ellos y quedando al criterio del lector la visualización de los mencionados o de cualquier otro del tal guisa (vamos en bicicleta y con el filete de lado a lado).

Pero parece ser que los pensamientos los carga el diablo. Así cuando subí arriba, apenas vi más que a diez o doce curiosos (textiles todos ellos) que al abrigo de la convocatoria, estaban por allí para ver si caía algún incauto despelotado (como fue mi caso). Aún tengo grabada la imagen de la gente que se encontraba en las terrazas  tomando algo (por suerte, todavía no mucha) y sobre todo el grito de uno de los allí presentes, que definió claramente como me sentía:

  • ¡¡¡PAONDE VAS SOMARRO. PANTAJO, TAPATE YA¡¡¡

 

Ni que decir tiene, que bajé a la velocidad del rayo, aún a riesgo de mi virilidad al sentarme en el sillín sin la sujeción que ciertas cosas necesitan. Antonio se partía de risa al verme (no es para menos, todo sea dicho y para nada se lo tendré en cuenta, sino más bien al contrario), y me enseñaba en el móvil la desconvocatoria de la marcha en Nueva Alcarria.

Para terminar te diré que si oyes decir que me han visto haciendo el cuadro y la risión, yo negaré la mayor y diré que no fui yo. Aunque  mi amigo Antonio, el que me voceó, tu y yo  mismo, sepamos que en el fondo ese día fui un SOMARRO Y UN PANTAJO y quién sabe si la risión del verano.

 

Que la fuerza te acompañe.

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Crónicas de un Padawan

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