De cartón piedra

Siempre he visto un poco complicado el Derecho Penal, quizá demasiado cuadriculado para mí, demasiado logarítmico: si elevas este número a esta potencia te da este otro, si has hecho esto y lo elevas con este agravante te da esta condena. Supongo que habrá compañeros, que estén haciéndose cruces por la simpleza de mi razonamiento y como razón no les faltará, espero que Emilio, mi querido Decano, no me lo tenga en cuenta.

Por ese motivo, me sorprendió que un amigo, que había terminado en prisión por un delito de los de cuello blanco, recurriera a mí. El colega era sin duda alguna una de las personas más ocurrentes y sorprendentes que nunca había conocido. Pero hay ocurrencias que te acaban costando cuatro años en Alcalá Meco.

Intenté rechazar su ofrecimiento, haciéndole ver que no era mi especialidad. Pero no hubo manera, sobre todo cuando me recordó que tenía pendiente una minuta de 600 euros de una liquidación de una empresa. He de reconocer que hacía tiempo que había dado ese dinero por perdido, pero había que intentar recuperarlo.

Saqué el pase a prisión y me planteé a verle. La primera impresión que tuve es que había perdido la cabeza, puesto que repetía con insistencia una estrofa de la canción “De cartón piedra” de Serrat:

“Y entonces llegaron ellos
Me sacaron a empujones de mi casa
Y me encerraron entre estas cuatro paredes blancas
Donde vienen a verme mis amigos
De mes en mes
De dos en dos
Y de seis a siete”

Photo by Kilyan Sockalingum on Unsplash
Photo by Kilyan Sockalingum on Unsplash

Cuando mi paciencia se agotaba habló:

  • Pedro te he llamado a ti, porque quiero confesar donde escondí el dinero.
  • ¿Estás seguro?
  • Si, si por favor diles que está en el jardín de atrás de mi casa, pero no recuerdo donde.

Me despedí de él que continuaba con su tarareo y como no podía ser de otra forma, puse en conocimiento de las autoridades lo que me había indicado.

Cual sería mi sorpresa, cuando a los tres meses de mi visita carcelaria y después de que se removiera cada palmo del terreno del jardín sin que se encontrara nada, recibí un mail, para quedar con su esposa, que venía de visitarle. Habían decidido renunciar a mis servicios y quería pagar mis honorarios, si lo has adivinado 600 euros. Después de hacerlo y antes de que abandonara mi despacho charlamos un poco:

  • Sinceramente, nunca creí que fuera a devolver el dinero. Por tanto, no se a que vino aquello, de avisar para que buscaran allí, para luego volver a decir que no. Muy extraño hasta para él.
  • Como sabes en un par de meses ya estará por casa, si te parece te invitamos a una barbacoa, para que veas que bien nos ha quedado el jardín después de la reforma que hemos hecho. Y lo mejor de todo es que remover el terreno, levantar y tirar las baldosas viejas, no nos ha costado más que devolverle 600 Euros que debíamos a un amigo.

Como te puede suponer de Cartón Piedra, fue como se quedó mi cara.

Que la fuerza te acompañe.