Del Sexo y los Caramelos Halls

Casi desde niño Pepe trabajaba en el bar de la plaza de Pochancas de hecho, se podría decir que el bar y Pepe formaban una simbiosis, que hacía imposible imaginar el uno sin el otro. Fruto de dicho trabajo y quizá de la inercia del mismo, Pepe terminó casado con la Pepita a la postre hija del dueño.

Al principio la cosa fue bien, pero con el tiempo la aparente felicidad del matrimonio no fue tal por razón del propio trabajo de Pepe. Este alcanzaba el lecho conyugal, derrotado después de más de dieciséis horas sirviendo cafés, botellines, chatos de vino y similares. La Pepita, mujer voraz e inquieta donde las hubiera, apretaba a Pepe en el cumplimiento de sus obligaciones maritales. Pero cuando a Pepe le tocaba “apretar” a la Pepita, remataba la faena de manera rápida y a medias para ella, dejándola sin más consuelo que el manual, una vez Pepe se quitaba pesadamente de encima.

No obstante, pese a su apariencia tosca, Pepe era una persona comprensiva y que en verdad se preocupaba por su esposa. Por lo que estaba atento a cualquier conversación sobre “la materia”, con el objetivo de mejorar su carencia. De tal manera, que un buen día prestó toda la atención que pudo a la conversación de un grupo de jóvenes sobre las bondades que, los caramelos Halls tiene para el sexo.

No pudo escucharla entera, aunque si que captó que había varios artículos en Google al respecto; en cualquier caso, él no era capaz de usar internet. Tampoco pensó que sería tan complicado, así que cogió un paquete de caramelos y se plantó en casa.

Como cada noche, despertó a la Pepita y como cada noche esta se despojó de toda vestimenta, esperando que su marido consiguiera apagar ese fuego que la consumía.

– Tranquila que hoy va a ser como cuando lo hacíamos en el Talbot de mi padre, he descubierto esto – dijo según se metía un caramelo en la boca.

Apenas cinco minutos después, él había terminado y ella estaba como siempre.

– Espera no empieces tu sola, que me tomo otro caramelo.

Esperaron ambos con impaciencia, si los caramelos hacían su efecto para devolver “aquello” a la necesaria firmeza. Pero como quiera que pasaron 10 minutos y el “asunto” no se entonó, terminaron ambos por vestirse, para monumental enfada de la Pepita, que se quedó más a medias que nunca.

Al día siguiente Pepe estuvo tentado, de pedir a alguien que se metiera en internet a ver que ponía, pero la vergüenza y el temor al que dirán en un pueblo tan pequeño, le atenazaron. Después de estar todo el día, dándole vueltas a la cabeza, optó por la creyó la solución más lógica, si no había funcionado con dos caramelos sería porque la dosis era insuficiente, hoy no fallaría.

Caramelos Halls

Por lo que, después de atrincherarse con una caja entera de Halls, comenzó con los caramelos nada más comer. Según avanzaba la tarde, la ansiedad le fue pudiendo, por lo que corto ni perezoso, aumentó la dosis comiendo los caramelos de dos en dos e incluso de tres en tres. Había momentos en el bar en el que tenía dificultades para hablar, de lo pastosa que tenía la boca, pero siempre había sido un hombre con una gran fuerza de voluntad por lo que continuó con la ingesta. Ingesta que le impidió incluso merendar o cenar algo que no fueran los mencionados caramelos y agua para ayudar a que pasaran.

Llegó el momento de la verdad y como cada noche, despertó a la Pepita y como cada noche, esta se despojó de toda vestimenta, esperando el delicado momento.

– Hoy no va a fallar la cosa- dijo Pepe con aflautada voz y con la garganta más despejada del mundo, según se desprendía de la ropa.

Pero en el mismo momento en que fue a quitarse los calzoncillos, una convulsión recorrió su cuerpo y apenas pudo gritar:

– Me ca…

Salió corriendo para el baño tratando de no hacérselo encima. La Pepita nunca supo si quería faltar al respeto a alguna divinidad, cagándose en la misma (con perdón) o si se refería al acto físico que le tuvo ocupado toda la noche, retorcijón va, retorcijón viene.

Moraleja: si quieres usar los caramelos Halls con fines sexuales es mejor que te informes antes de sus verdaderos usos y de sus efectos secundarios. Que la fuerza te acompañe.