Del Fuera de Juego.

DEL FUERA DE JUEGO.

Antes de que llegara el vecino, se pudo observar un hilillo de sangre que manchaba mi rostro. Por suerte no era lo que estás pensando, sino que ese hilillo provenía de su labio que estaba sufriendo un ligero desgarro con tanta “coyuntura emocional”

Cuando llegó Pepe, lo hizo pañuelo en mano y secándose el sudor de la frente. Iba acompañado por el joyero y por un sacerdote, por lo que antes de que pudiera soltar palabra, un enfermero que se encontraba en los aledaños del “encuentro” le espetó sin anestesia:

– Padre, la situación no es tan desesperada como para que estos chicos estén necesitados de extremaunción.

– Hijo mío, no estoy aquí por eso- dijo con voz ceremoniosa y calma el cura- soy el asistente personal de su Excelencia Reverendísima  Obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Don Francisco Álvarez y Martínez -tomó aire después de recitar el cargo de carrerilla- y he venido al encontrarme en la joyería y escuchar el relato de lo aquí ocurrido por este sudoroso feligrés, -dijo refiriéndose a Pepe- dando por supuesto que estos jóvenes necesitarán de la ayuda de Dios para enderezar su camino, después de haberse visto “envueltos” en este pecaminoso asunto.

Cuando el médico le interrumpió con una voz para que saliera todo el mundo, yo ya había imaginado unas 300 formas distintas de blasfemar, no lo hizo puesto que no podía hablar.

Del fuera de juego

El galeno tomó unas tijeras Xuron y con la precisión de un neurocirujano, consiguió cercenar el piercing y separar aquello que había unido el destino y que consiguió separar el de la riojana y el mío para siempre. Conclusión ésta a la que llegué, desolado tras verla cubrirse con lo imprescindible y salir corriendo al baño como alma que lleva el diablo, supongo que para aliviar su castigada vejiga.

El gran triunfador del día era sin duda el médico, el que no sin cierta sorna, me dijo que, si quería quedarme “el trofeo de recuerdo”, después de elevarlo al aire, como si fuera un torero.

  • Le recomiendo unos enjuagues de agua oxigenada e ingesta de helados, para acelerar la cicatrización -dijo dibujando una sonrisa en su rostro- Es evidente que me refiero a su dañada lengua. Un consejo, no vuela a ponerse un chisme de esos, puesto que deja sin utilidad a este otro chisme – espetó a la vez que cogía con sus guantes de latex, la goma que había caído por la cama, al perder la sujeción que le daba el erecto estado de la “cosa”.

Poco fue lo que tardé en vestirme y salir por la puerta, tuve que esquivar al cura, por no decirle lo que pensaba, según me sermoneaba sobre los peligros de la fornicación. Justo cuando pasé por delante del baño ella salía, la miré con cara de pena, sin decir palabra. Ella me devolvió la misma mirada silenciosa y ambos comprendimos contrariados que nunca más volveríamos a vernos en persona.

Sin embargo, hoy la veo cada día en su espacio deportivo en la televisión estatal y cada vez que dice la palabra resultado yo pienso en el nuestro: 0-0, gol anulado en Las Gaunas, el “delantero” estuvo mucho tiempo en evidente posición de fuera de juego.

Que la fuerza te acompañe.